Una reflexión sobre lo que no está haciendo la izquierda.

Al hilo de la elección reciente en Francia.
Los analistas afirman que una parte importante del voto a la Sra. Le Pen proviene de personas perjudicadas por la crisis económica de la que estamos saliendo y, quizá más, de personas que ven su puesto de trabajo en riesgo próximo supuestamente por la célebre “globalización”. En esto, además, coinciden con los votantes de la “izquierda alternativa” (por intentar no ser beligerante en el nombre). La izquierda que en Francia está representada por el Sr. Melenchon y su movimiento, y en España obviamente por Podemos. Su reacción primaria tiene un punto de lógica: si la globalización pone en riesgo mí puesto de trabajo, ciérrense fronteras. Regresemos al “patriotismo” frente a la globalización, al “cosmopolitismo” pudiera decirse.
Pues bien, afirmo que temo mucho que el miedo de esas personas es un miedo “poco informado”. Si se tratara de un miedo mejor informado, probablemente debiera convertirse en pánico.
Me pregunto qué porcentaje de nuestros conciudadanos son realmente conscientes de la revolución que el planeta va a vivir en las próximas dos o tres décadas, o sea, mañana mismo.
Y lo que viene, no especialmente de la mano de la globalización en sí misma, sino de la del desarrollo científico y tecnológico, es una auténtica revolución que comportará un cambio radical en los paradigmas sociales y económicos actuales. Un cambio que recuerda ciertamente el de la revolución industrial de la mano de la máquina de vapor, la producción en masa, en definitiva, pero ahora a escala planetaria, como corresponde a los tiempos. Oponerse a esto es tan inútil como aquellas acciones de los “luditas”, en la Inglaterra que comenzaba la industrialización, rompiendo algunas máquinas de vapor y quemando alguna fábrica. Hasta dónde yo sé, todo lo que consiguieron es que Inglaterra creara por primera vez un cuerpo de Policía.
Quiero que se me entienda. En forma alguna soy catastrofista: todo lo contrario. El desarrollo siempre ha comportado un aumento en la riqueza objetiva (otra cosa es obviamente su reparto. Tampoco aspiro a ser un ”gurú”, un profeta o un adivino. Nadie puede serlo y quien aspire a ello se equivoca porque nadie tiene esa potestad, pero si cabe predecir en “trazo grueso” lo que va a suceder. Una frase que me encanta es la que, sin duda con razón, afirma que los empleos de nuestros hijos, no es que aún no hayan sido creados, es que ni siquiera han sido imaginados.
Y lo que va a suceder es que una gran cantidad de puestos de trabajo, ligados a la producción en masa y la logística van a dejar de tener sentido económico de la mano de tecnologías emergentes, de las que sólo cito aquí algunas: robótica, impresión 3D e informática avanzada (me resisto a la moda de denominarla Inteligencia Artificial, aunque el nombre, por el momento inapropiado, está ya consagrado), al igual que dejó de tener sentido económico segar con hoz y el campo se despobló.
Es el momento de la Política con mayúsculas. Se trata de decidir cómo se va a transformar la sociedad en este futuro que es mañana mismo. Nada está escrito, nada está decidido de antemano, no hay conspiraciones de oscuras multinacionales en connivencia con aún más oscuros personajes y poderes. Las teorías conspirativas son atractivas porque aportan el consuelo indudable de que “alguien tiene el control”, aunque sea el mal absoluto. El sistema es tan altamente no lineal que nada de eso es cierto. Pero indudablemente, una de los factores en juego es la política en cuanto expresión de las voluntades diversas que la ciudadanía exprese, desde un peor o mejor grado de información, pero siempre con toda la carga de la legitimidad de la Democracia (al menos en esta parte de mundo).
A partir del cambio de paradigma socioeconómico que se avecina, cualquier tipo de sociedad es posible y no pensemos que en esto hay demasiadas novedades: de lo que se trata, esencialmente, es de cómo se va a repartir la nueva riqueza creada, primero, y cómo se articula una nueva sociedad en torno a la primera cuestión, después.
Prometo aportar mis propias reflexiones en otros de estos artículos con los que a veces castigo a los que me sigan. No es ese el motivo de mi reflexión de hoy. Dicho motivo es otro: ¿Qué está haciendo la izquierda al respecto? La europea en general y muy especialmente la española. La norteamericana es otra historia.
Se debería estar estudiando, debatiendo, investigando cual es el papel que la vieja socialdemocracia (la gran hacedora del extraordinario Estado del que disfrutamos) aspira a representar en este mundo en proceso disruptivo. No he escuchado una sola idea, una reflexión, al respecto.
Tenemos un Partido Socialista en camino de elegir un líder. ¿Ha escuchado alguien alguna idea a alguno de ellos sobre este particular (o sobre cualquier otro dicho sea de paso)? ¿Alguna aportación sobre la que construir un debate que en su momento pueda conducir a una política adaptada al nuevo paradigma? Si me he perdido algo, por favor háganmelo saber.
¿No sería más sensato, como hace poco apuntaba el Sr. Rodríguez Ibarra, convocar no un congreso, sino un proceso de debate (acabado en un congreso) en el que el PSOE se posicionara y mostrara un camino que permitiera pensar que la Socialdemocracia tiene aún un papel que jugar y sólo después elegir a las personas idóneas para liderarlo? ¿No sería llegado el momento de los intelectuales, de los pensadores, más que de los líderes para centrar, enmarcar y conducir ese debate? ¿Dónde están esos pensadores en la izquierda? ¿No los hay, o los tienen celosamente custodiados?
Yo todo lo que he escuchado es una pelea, a veces tabernaria, entre los candidatos sin aportación alguna a nada. Sospecho que si las ideas no se aportan es porque simplemente no se tienen: es mucho más simple tener eslóganes, lemas. Sobre todo si te los hacen equipos de publicistas.
Mi conclusión es clara. Da exactamente igual quien gane: el desastre está garantizado. En frase que se atribuye a Séneca: “No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va”
La otra izquierda, la “alternativa”, ni siquiera merece una reflexión semejante ya que si tiene un objetivo. Uno único, además: sustituir al PSOE como fuerza hegemónica. ¿Para qué? Escúchenles y respóndanse Vds. mismos.
Muy buenas noches tengan todos Vds.

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